Cómo vencer los celos y mejorar tus relaciones

Según las teorías sobre inteligencia emocional producimos celos cuando tenemos miedo a perder a alguien. Comúnmente se dice que podemos sentir celos de otra persona por lo que tiene o cómo es, pero en esos casos estaríamos hablando de envidia.

Como ya vimos en nuestra guía sobre inteligencia emocional, estas son algunas de las características y efectos tóxicos de los celos:

  • Afectan a una relación entre dos personas hasta llegar a volverla tóxica si los celos son elevados.
  • Cohíben nuestra sensación de sentirnos naturales y libres. Lo que paradójicamente incentiva que busquemos la aventura que se quería evitar.
  • Vuelven a quienes los padecen excesivamente controladores o estrategas.
  • Crean imágenes ensalzadas y distorsionadas sobre lo que le puede aportar una persona deseada.
  • Puede materializarse en violencia de género.
  • Puede impedirnos apreciar y disfrutar el momento presente con la otra persona.
  • Generan actitudes dictatoriales donde el afectado se inmiscuye en todo e intenta dirigirlo.
  • Crea amenazas ilusorias pudiendo ver cosas que no se han producido.
  • Genera actitudes compensatorias como llantos, pedir perdón, hacer regalos, etc.

Echa un vistazo a mi nuevo curso en vídeo en YouTube totalmente gratis, primera parte ya disponible:

Deshazte del sentimiento de pérdida

El sentimiento de pérdida hace que los celos se acentúen. Las teorías espirituales saben combatir muy bien esta emoción al hacernos conscientes de que no tenemos nada. Enseñándonos que incluso nuestros propios cuerpos son prestados y que si nos lo proponemos, podemos ser felices únicamente viviendo con presencia: es decir, con atención al momento presente.

Por otro lado, como dice el dicho popular: un clavo saca otro clavo. De ahí que unas altas habilidades para la seducción nos ayuden a reducir nuestros celos ante la certeza de que encontraremos un futuro amor sin demasiados problemas. Aportándonos una mayor seguridad ya que al sentirnos capaces de gustar a muchas personas, tendemos a sufrir un menor apego hacia un hombre o mujer en concreto.

Empieza a negociar

Una relación no puede funcionar si al menos uno de los dos no sabe negociar y persuadir al otro para que esta mantenga unos estándares emocionales saludables. Pero la clave de esta negociación no está en conseguir que la otra persona haga lo que nosotros queramos. ¡No! Quién aprende a comunicar con fines manipuladores siempre acaba dejando al descubierto sus intenciones.

La clave se encuentra en que esa persuasión se fundamente en un ganar-ganar. Generando cambios en nuestra pareja sin necesidad de discutir, así como en en nosotros mismos, a favor de que la relación funcione de la mejor manera posible.

Atención al siguiente ejemplo, porque lo iremos expandiendo a lo largo de este capítulo:

—Entiendo que no te guste que salga con mis amigas. Entiendo que te preocupes. Yo tampoco quiero perderte. Pero si ambos queremos seguir juntos, tenemos que preocuparnos más por el hecho de que nuestra relación sea sana y nos de la libertad suficiente para sentirnos bien juntos.

—Pues yo muchas veces no he salido con mis amigos por quedarme contigo y que no te enfadaras. No se porque tú no puedes hacer lo mismo.

—Pues no lo hagamos más. Siéntete libre de hablar conmigo. Si comenzamos a reprimir estas pequeñas cosas que nos apetecen hacer para que no haya problemas, empezaremos a sustentar nuestra relación no en la confianza, sino en el miedo.

Hazte ya con mis libros:

[product_category per_page=»2″ columns=»2″ orderby=»menu_order title» order=»ASC» category=»libros»]

Evita la represión

Mucha gente no negocia con su pareja, sino que simplemente cede ante lo que ella quiere.

Eso es un error garrafal, porque aunque estés dispuesto a ceder, estarás reprimiendo tus intereses y toda represión a la larga pide su particular escapada. Un pequeña semilla de frustración y enojo podría dar vistas de nacimiento, y como toda semilla, puede acabar convirtiéndose en una fuerte y robusto árbol con el tiempo. Ese es el mayor problema de reprimirse, que con el tiempo lo que reprimimos se va incrementando.

Puede que sientas temor a negociar por el miedo a perder lo que ya tienes. Pero sin negociación, tarde o temprano perderás la empresa, porque cuando permites que se den comportamientos y actitudes tóxicas, lo que le estás diciendo a la otra persona es esto: «lo que estás haciendo está bien». Y si continúa haciendo algo que destruye la relación, a la larga lo conseguirá.

Si ante comportamientos que enturbian lo que sentimos el uno por el otro no actuamos, tarde o temprano pagaremos la factura. ¡Los dos! Continuando con el ejemplo anterior:

—Ya pero cuando sales por ahí yo no se lo que haces. Y si me engañas…

—Pues tendrás que confiar en que no te engañe.

—Si yo confío, pero me da miedo. No lo puedo evitar.

No te amas a ti mismo cuando tu vida sin el otro no cobra sentido. No amas las flores silbando juntas al unísono de la primavera. No amas los vientos vigilantes que surcan tu cara en las puertas del verano. No amas las noches oscuras que alimentan tu alma de lo profundo del otoño; no amas la imperfección perfecta de sus hojas desordenadas. No amas el escalofrío del invierno escondido tras de ti en sus tardes bajo las sábanas.
#wearebrave

Confía y otorga libertad

Cuando intentamos dominar al otro no solo le transmitimos nuestra falta de confianza. A su vez alimentamos nuestra propia dependencia emocional. Dando lugar a menudo a obsesiones amorosas tóxicas que son como bombas para nuestras emociones.

Muchas veces mi madre, criada en una cultura diferente donde una vez te echabas pareja y solo salías con ella, me ha dicho: «pero porqué sigues saliendo con tus amigos, ¿no tienes novia ya?»

Parecerá una forma de pensar muy antigua, pero me la sigo encontrando una y otra vez y todavía permanece en el subconsciente de mucha gente. Algunos por vestir de marca e ir del rollo hipster parecen de ideas muy modernas. Parecen dados a la poesía y al arte. A la filosofía y a la libertad. Pero luego, en su subconsciente tienen las mismas ideas antiguas y posesivas de siempre.

Por eso me gusta comentar estas cosas aunque parezcan obvias, pues por muy modernos que nos creamos, nuestro subconsciente sigue arrastrando programas antiguos. Dando lugar a muchas incongruencias debido a que las emociones nacen de ese poder subconsciente. Pudiendo pensar de un forma y sin embargo reaccionar de otra muy distinta.

Podemos querer tener una relación donde demos libertad a nuestra pareja para que no se sienta aprisionada, y sin embargo reaccionar con unos miedos que no nos permiten vivir.

Continuando con el ejemplo de conversación de este artículo:

—Te da miedo porque no confías. Pero tienes que aceptar que la vida en insegura, y a partir de ahí disfrutar de esa intensidad. Si para confiar el uno en el otro necesitamos meternos en una jaula siempre a la vista, tarde o temprano no nos sentiremos bien entre nosotros. Estaremos luchando en contra de nuestra propia naturaleza.

—¿Y qué hago si no lo puedo evitar?

—Pues si no lo puedes evitar tendrás que intentar cambiarlo. No creo que sentir esa angustia y ese miedo sea algo bueno. No por nuestra relación, sino porque en el caso de que lo nuestro algún día se acabara, ese problema lo volverás a tener en el futuro.

Stop miedo

Los problemas casi siempre son internos. Un persona celosa lo será aquí y en Marte. Aunque se vaya a Marte ella sola con su pareja y no hay nadie más, siempre tendrá miedo. Quién sabe, podría conocer a algún alienígena sexy e irse con él. O sencillamente, desenamorarse y no querer saber nada de ella aunque no exista nadie más en el mundo. Los celos no tienen ni porqué ser lógicos, ya que son el fruto de una sensación de miedo a la pérdida que hacia su aparición desde dentro de nosotros mismos.

Tenemos celos cuando pensamos que alguien nos va a quitar lo que tenemos, pero es precisamente los celos los que acaban provocando que esa persona nos abandone. A veces, por nadie. Para estar sola porque ya no nos aguanta ni un minuto más el agobio represivo que la ilógica de los celos inflige.

Lo cierto es que a menudo lo que mucho tememos lo acabamos haciendo realidad, pues si pones tu atención en el miedo, tú mismo los construirás.

El problema no es que una persona celosa desconfíe de otra, su problema es el miedo a la pérdida. A lo que su ego identifica que es suyo y de nadie más. Por eso al liberar parte de ese ego la meditación es un útil medicina, ya que al sentir que únicamente somos este momento y que no tenemos nada, tampoco tenemos nada que perder. Nada más allá de lo que ocurra y sintamos en este instante.

Veamos como continúa el ejemplo de conversación que hemos ido desarrollando:

—¿Qué pasa que el problema entonces es mío no?

—Dentro de una relación no existen problemas de uno, sino retos a afrontar por los dos. Yo pienso que si queremos estar quien juntos, debemos adoptar los caminos sanos que nos aporten lo que los dos necesitamos para sentirnos bien juntos. Algunas veces yo me adaptaré a ti, y otras tú lo harás conmigo.

Intenta llevar un equilibrio sano

En toda negociación hay un punto de entendimiento donde las dos partes acaban cediendo. La diferencia entre una negociación en los negocios y una en las relaciones es el tiempo y la intensidad de la relación. A veces en los negocios las empresas se apoyan. Hoy yo te hago algunas concesiones porque sé que estás pasando por un mal momento, y en el futuro espero que me puedas devolver el favor.

Dentro de una relación social ocurre exactamente lo mismo, pero su flujo es más constante porque hay pequeños conflictos y pequeñas negociaciones todos los días. Y para que la relación funcione, la balanza del ganar-ganar ha de verse equilibrada si no queremos tener problemas de egos por ninguna de las dos partes.

Sigamos con el ejemplo:

—O sea, que no me estás intentado convencer para hacer lo que tu quieres, sino que lo haces para que estemos bien. ¿Es eso lo que me estás diciendo?

—Si. Puedes creerlo o no. Pero esa es la realidad. Yo podría llamar a mis amigos y decirles que no salgo. No pasa nada, me quedaría contigo encantado. Pero comenzaría a sentir que ya no tengo la libertad suficiente para hacer ciertas cosas que me gusta hacer, como salir a tomar algo con mis amigos a los que también quiero y con los que también me gusta pasar mi tiempo. Comenzaría a sentir que no estoy siendo apreciado y respetado, sino poseído.

Este ejemplo de salir con amigos o amigas es muy común. Pero hay muchos más. La fundamental, como hemos ido diciendo, es aprender a dirigir la relación para que ninguno de los dos domine al otro.

Hoy cederé yo, respetando tu liberad y permitiendo que salgas con tus amigos. Pero mañana, tu respetarás mi libertad y me acompañarás a ese concierto que a ti no te entusiasma pero al que a mi me encantaría ir contigo. Continuamente, vamos equilibrando una esa balanza. Un reto que con la práctica puede incluso resultarnos divertido si lo aceptamos como tal y permitimos que la frustración no haga gestos de asomar su cabecita.

—Ya claro…

—Míralo de esta forma. A lo que yo le tengo miedo no es a lo que nos amenaza desde fuera, sino a aquello que nos amenaza desde dentro. Quiero que sigamos siendo felices juntos, pero para ello estoy convencido de que sino nos hacemos sentir bien el uno a otro y sabemos respetar nuestros espacios, a la larga nuestra relación se estropeará.

Ama la incertidumbre

Solo hay algo a lo que las personas le tengamos más miedo que al propio miedo que sentimos en un momento puntual, y eso es a lo que puede pasar en el futuro. De ahí sacan los celos todo su poder. ¡Forman parte de un miedo futuro! Y para persuadirnos de no sufrir sus secuelas, podemos sentir el miedo a lo que va a pasar si somos celosos, pues muchas relaciones se han ido al garete por ello.

Es decir, combatimos el miedo que nos hace ser celosos con el miedo a lo que seguramente vaya a pasar si lo somos. Algo que si bien no es lo más positivo, pues es preferible cambiar nuestras creencias para dejar de ser posesivos, al menos es efectivo al corto plazo y como argumento para una persuasión inminente.

Al mismo tiempo los seres humanos apreciamos solo aquello que podemos perder. Un hombre puede estar arto de su mujer, pero basta con que otro hombre ponga interés en ella para que su instinto de seducirla y satisfacerla vuelva a visitarlo.

Esa incertidumbre a poder perder lo que tenemos es beneficiosa cuando la miramos con un foco de amor y valentía. Mejorando nuestra autoestima bajo el argumento de que lo imprevisible es mejor; más divertido. Pudiendo la inseguridad ejercer de motivadora para apreciar con mayor intensidad lo que nos es dado en el aquí y el ahora.

No vivas en manos de tu pareja

Como dijo en clase Pedro Castejón, uno de mis profesores de marketing: «Lo peor para una relación es dejarle claro a la otra persona que estás completamente fuera de mercado».

Eso es algo que en mi mente se quedó totalmente grabado, pues no podía estar más de acuerdo. Pero no se trata de buscar la forma de provocarle celos intencionadamente a tu pareja. Ese es un recurso tan solo de personas inseguras que a menudo les hace comerse el tiro y la culata entera. Generando un mayor conflicto a largo plazo de lo que en principio pretendíamos evitar.

De lo que se trata es de proyectar que pese a que la amas y decides estar con ella, decides estar con ella ahora, mientras que el futuro es siempre desconocido.

Nadie puede prometer amor eterno. Absolutamente nadie. El amor eterno apaga sus luces cuando las necesidades y las motivaciones humanas que hay detrás de una relación se rompen y el dolor que os provocáis juntos supera con creces a lo sentido y vivido.

El amor no es posesión

El otro día charlando con mi amigo Adrián Amate, psicólogo de formación y con quién acostumbro a tener este tipo de conversaciones, le comentaba que para mi el amor es ver belleza. Un sentimiento interior que me hace ver belleza en mi y a mi alrededor. Una actitud. Una predisposición a vislumbrar algo maravilloso donde el que no siente amor no ve nada llamativo. Una visión poética. Y que ese sentimiento de amor era despertado en nuestro interior a través de nuestras parejas, pero que al igual que lo hacían ellas, podían hacerlo otras chicas en el futuro si estas relaciones se acababan.

Le comentaba que ya hacía mucho tiempo en que tenía la absoluta certeza de que el concepto de “medias naranjas” no existía. Nadie a nacido el uno para el otro, y si somos valientes para verlo y aceptarlo, nos desprenderemos de una creencia que si bien ha creado mucho romanticismo, también ha creado mucho dolor. Y créeme, tu puedes sentir ese romanticismo igual o incluso mucho más sin la necesidad de conceptos peliculeros que solo crean dependencias emocionales.

Todos somos únicos y especiales

Cuando una persona ha tenido pocas experiencias amatorias intensas, tiende a creer que esa otra persona es algo así como un regalo divino que dios le ha dado. Su ángel caído del cielo para sacarlo de su soledad amarga de jinete solitario. Así lo veía yo hace tiempo, hasta que poco a poco conforme mejor me comunicaba, más vivía en el presente y más amor sentía, me fui dando cuenta de que empezaba a ver una intensa belleza en muchísimas de las mujeres que se acercaban a tocar las puertas de mi vida.

Al conectar emocionalmente con tantas chicas es imposible que la creencia de la media naranja pudiera seguir vigente. Cuando eres capaz de despertar esa belleza en la otra persona y en ti mismo, no hay una sola media naranja sino que el mundo se llena de medias naranjas y tú mismo te sientes conectado con todo ese mundo.

Esto proporciona un gran sentimiento de libertad. La dependencia emocional y los celos de repente desaparecen, pues te das cuenta de que solo dependes de ti para sentir la actitud de amor. Algo que te acaba seduciendo a ti mismo en cada paso que das.

#wearebrave #alwaysbeatyourself

Ámalo todo con la belleza de una poesía imprevisible. Ama lo que no es lineal ni predefinido, aunque a menudo, sus cartas jueguen en tu contra dejándote vacíos los bolsillos. Ámate sin nada y descubrirás lo que en el amor se anda.

¡Suscríbete a la newsletter!

David Belmonte
David Belmonte
https://bravetys.com/
David Belmonte es Graduado en Marketing por la Universidad de Murcia, Máster en Inteligencia Emocional y Mindfulness por la Universidad de Valencia, Experto Creativo por la Universidad San Jorge y MBA. Con 20 años de experiencia, está considerado como el autor de habla hispana más innovador en el área de las habilidades comunicativas aplicadas a las relaciones sociales y la seducción. Creando un modelo de comunicación emocional que encontrarás en su Máster online así como en sus libros Despierta Belleza, El don de la labia y Ligar por WhatsApp.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *