El poder de la imaginación en la seducción

Teorías procedentes de la conocida como «Ley del universo» nos invitan a pensar que aquello que imaginamos, al proyectarlo con una energía adecuada, podemos acabar por atraerlo.

No obstante, dejando al margen esta conocida Ley, lo que parece irrefutable es que nuestra imaginación estimula aquello que sentimos. Siendo nuestras emociones el resultado de aquello que pensamos.

Una de las técnicas de seducción más poderosas que jamás he probado

Para explicarte esta técnica quiero que imagines que mañana vas a tener una cita con una chica o chica que te gusta. Obviamente, te sientes un poco nervioso. Quieres que las cosas salgan bien.

Tu remedio para el nerviosismo es no crearte expectativas, así que evitas pensar en ello e intentas ser positivo.

Al llegar a la cita toda va bien, primero vas rompiendo el hielo hablando de vuestra época como estudiantes. Gastas algunas bromas de lo mucho que odiabas el inglés entre otras anécdotas y la otra persona se ríe mientras la conversación fluye.

¿Lo tienes? Muy bien, empecemos con los escenarios.

Escenario A: Pensando en qué decir y cómo actuar

En el Escenario A sigues sacando uno y otros temas de conversación. Incluso en algunos momentos cualificas a la otra persona destacando lo guapa que ha acudido a la cita.

Sin embargo, pese a que no paráis de hablar de muchas cosas, no terminas de sentir nada significativo por ella. Te pierdes analizando algunos de sus defectos o manías. En algunos momentos piensas que quizá no le gustes y que puedas estar perdiendo el tiempo…

Para subsanar la falta de excitación y rumbo seductivo, intensas jugar un poco más. Añades algunas insinuaciones y dobles sentidos y actúas con mayor picardía. Sin embrago, sigue sin palparse esa energía especial entre ambos.

¿Qué está pasando? ¿Por qué tienes delante a alguien que te gusta y sin embargo no estás sintiendo esa conexión increíble que deberías de sentir?

Escenario B: Imaginando escenas seductivas

Este escenario B es igual que el escenario A, pero con una diferencia.

  • Al llegar a esa cita y verte andando de camino a la cafetería con esa otra persona, te imaginas lo que sería caminar con ella por la playa mientras en un momento dado la besas con el ruido del mar de fondo.
  • Al bromear sobre tu nefasta habilidad para los idiomas, te imaginas gastando alguna broma que genera una pequeña guerra de almohadas tras una tarde de sexo.
  • Al mencionar lo guapa/o que está, te imaginas una escena con altas dosis de seducción en la que os besáis y mantenéis sexo. Como si en el reflejo de sus ojos os vierais fundiéndose con vuestros cuerpos.

Estas son escenas que te imaginas en breves instantes que apenas duran unos pocos segundos, sin embargo, sientes cómo aumenta tu interés, deseo y pasión hacia la otra persona.

No se puede seducir sin sentir

Una de las cosas que más les cuesta a mis alumnos y alumnos en mis cursos de seducción es incrementar su sensibilidad a la hora de sentir lo que están haciendo.

Cuando nos centramos en pensar en qué decimos o cómo lo decimos a menudo llenamos nuestra cabeza de pensamientos inseguros. Dirigimos nuestro foco de atención hacia nosotros mismos y no hacia que esa persona que tenemos delante nos seduzca.

Necesitas sentirte seducido por la otra persona para que tú también puedas seducirla a ella. El problema es que mucha gente tiene miedo de hacer esto porque es dependiente.

El seductor es capaz de enamorarse todos los días mediante gestos sinceros y vívidos en el momento presente. Por eso mismo muchos seductores tienen facilidad para engañar a sus parejas, porque estas no perciben que no estén enamoradas de ellas. O son capaces de engañar a alguien para tener una noche de sexo y nada más, porque la otra persona percibe que realmente se siente fascinada por ella y va a querer más.

El auténtico seductor, engañe o no, siente lo que vive con pasión porque lo lleva en su imaginación. Es un poeta, un soñador. Te hacen sentir que vives en un maldito cuento de hadas.

La clave está en las neuronas espejo

Lo que sentimos lo transmitimos, es así de sencillo. Si sentimos confianza al decirle a esa persona que nos gusta que vayamos a casa a tomar la última copa, sin titubeos y con buen rollo, eso es lo primero que sentirá al proponérselo.

Si ante una situación así le damos mucha importancia, a no ser que nuestra timidez y miedo le resulten coquetos al otro, podemos transmitir esa inseguridad y eso es lo que nos llevamos como respuesta.

El escenario B del ejercicio anterior, cuando se ejecuta bien la técnica y existe una mínima atracción física, cambia por completo una cita. Al generar sentimientos de cariño, comprensión, humor, pasión o sexo desde tu propia imaginación, al sentirlos los proyectamos al otro.

A su vez, esos sentimientos tienen una influencia directa sobre nuestra forma de comunicarnos, volviéndola mucho más emocional y auténtica. O dicho de otro modo, menos robótica, porque efectivamente estamos sintiendo.

Antítesis: cuando la técnica no funciona

Por supuesto, nada es infalible. Estoy seguro de que hay casos en los que me dirás que tras mostrar tu interés por otra persona ella lo ha perdido. También me recordarás el día que te enamoraste de una chica y solo quería ser tu amigo. O la ex a la que dejaste que seguía enamorada de ti pero tú no querías verla ni en pintura, etc, etc, etc.

Yo mismo he vivido todas esas situaciones.

En el ámbito de las relaciones sociales y amorosas influyen muchas variables. Esta técnica ataca hacia la despersonalización. Es decir, hacia el vivir como un robot pensando solo en objetivos y metas o en llevar a cabo una comunicación estructurada.

Si algún día fuiste rudo, descortés, celoso, o actuaste con ira hasta el punto de que tu pareja salió corriendo de tu lado, únicamente usar esta técnica no te va a servir. Y lo mismo si eres soso y arrastras un sobrepeso de 30 kilos y a la chica/o que te gusta tú no le atraes lo más mínimo.

Esta es una técnica que amplifica la atracción y ayuda a que la comunicación genere sentimientos, pero por supuesto, necesitaremos de una personalidad atractiva para que funcione.

Muchas veces ser atractivos no basta porque no proyectamos sentimientos y eso evita que conectemos. Esta técnica es la más eficaz para solucionar ese problema.

David Belmonte
David Belmonte
https://bravetys.com/
David Belmonte es Graduado en Marketing por la Universidad de Murcia, Máster en Inteligencia Emocional y Mindfulness por la Universidad de Valencia, Experto Creativo por la Universidad San Jorge y MBA. Con 20 años de experiencia, está considerado como el autor de habla hispana más innovador en el área de las habilidades comunicativas aplicadas a las relaciones sociales y la seducción. Creando un modelo de comunicación emocional que encontrarás en su Máster online así como en sus libros Despierta Belleza, El don de la labia y Ligar por WhatsApp.

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